Gestionar el fracaso para alcanzar el éxito

Categoría: noticias
11 enero 2016, Comentarios: 0

El análisis de los fracasos pasados será fundamental para garantizar grandes éxitos en el futuro.

El fracaso siempre llega. Es necesario para alcanzar el éxito y, por lo tanto, hay que saber gestionar el fracaso para alcanzar el éxito.

En un entorno cambiante como el actual es realmente complicado tener una planificación que se ajuste exactamente a cada una de las cosas que suceden. Algunas organizaciones aciertan más que otras, pero es muy difícil hacerlo correctamente por la cantidad de variables que influyen en un resultado de la vida real. Nadie tiene la bola de cristal para predecir el futuro. Sin embargo, sí que podemos, además de planificar, intentar adaptarnos en la medida de lo posible a ese entorno cambiante y para ello necesitamos arriesgar en decisiones que nos ayuden a alcanzar el éxito en algunas ocasiones y el fracaso en otras. Todos buscamos el éxito, pero en las organizaciones y en el comportamiento humano es necesario fracasar para aprender y alcanzar el éxito. Aunque es posible el éxito sin fracasar, un éxito sin fracaso no perdura en el tiempo.

El éxito de muchas organizaciones hoy en día está en la innovación. Tener nuevos productos, proveer de nuevos servicios o mejorar cualquier proceso es fundamental para crear valor en las organizaciones. Pero asumir esta innovación supone aceptar que muchas de ellas llevan al fracaso (predisposición a poder fracasar), aunque algunas alcancen el éxito. Como directivos debemos asumir que esto es un “pack” indivisible y aceptar ambas partes. Es necesario, mediante el control de gestión, influir en comportamientos innovadores gestionando correctamente el fracaso para que toda la organización piense en propuestas innovadoras.

Si evitamos constantemente el fracaso en las organizaciones porque no arriesgamos, será muy difícil cambiar y adaptarse a ese entorno cambiante. Al final, como la organización no se adapta, muere. Las organizaciones deben estar orientadas al cambio y arriesgar para mantenerse en el tiempo, aunque fracasen en algunas ocasiones.

Para forzar el fracaso y mejorar, es necesario sacar a las personas fuera de su zona de confort: quitarlos de las tareas que ya conocen y con las que se sienten cómodos para realizar tareas que no conocen. Este proceso no busca “almacenar” conocimiento, sino facilitar el desarrollo de habilidades que permitan adaptarse a los problemas que surgen a diario. Ser capaz de fracasar y aprender, tener las habilidades personales para poder adaptarse a cualquier entorno. Este cambio en la gestión del fracaso es complicado porque depende de la cultura de la organización. Hay que entender el fracaso como algo normal y, en algunos casos, como algo positivo porque te ayuda a mejorar y hacerlo mejor en el futuro.

Otro componente importante para gestionar correctamente el fracaso es la transparencia en la comunicación. Si la dirección de una organización necesita conocer los errores cometidos para poder subsanarlos y aprender de ello, es necesario que la dirección también sea transparente en las comunicaciones con sus colaboradores. No es coherente esperar que tus colaboradores cuenten sus fracasos cuando el mensaje de la dirección es su ocultación. La transparencia y la gestión del fracaso deben ser para todos igual para aprovechar sus beneficios. Necesitamos líderes y colaboradores que convivan con el fracaso y que sean hábiles en su gestión.

Esta gestión pasa por el análisis profundo de las causas del fracaso. Es necesario analizar desde un punto de vista objetivo cada una de las causas del fracaso para buscar soluciones y no culpables: solucionar un problema para mejorar.

Es evidente que la gestión del fracaso no supone hacer tareas mal a propósito, no cumplir con los mínimos de calidad exigidos para nuestros productos y servicios o no descuidar la elaboración de los mismos. Debemos cuidar al máximo no cometer errores. Sin embargo, es necesario arriesgar a la hora de mejorar los procesos para optimizar las tareas que realizamos, innovar con nuevos servicios y nuevos productos, no descartando eso sí, un análisis previo de posibles consecuencias que minimicen las probabilidades de fracaso.

La gestión del fracaso es necesaria para poder innovar en las organizaciones, adaptarnos a un entorno cada vez más cambiante y para aprender de los errores cometidos estableciendo un entorno de mejora continua y desarrollando las habilidades de nuestros colaboradores. Una comunicación transparente a todos los niveles facilitará el análisis de los fracasos pasados que será fundamental para garantizar grandes éxitos en el futuro.

Fuente: extracto artículo Enrique Martín.

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